La reciente tragedia del Nanga Parbat nos priva de Tomek Mackiewicz, un personaje singular, uno de los alpinistas más libres e independientes que haya pisado un ochomil. Heredero de Jarek Kukuczka nos deja con la tristeza de su pérdida y con una indeleble huella de alpinismo apasionado y puro.

Tomasz Mackiewicz nació en un pequeño pueblo de Polonia (Działoszyn) el 13 de enero de 1975. Tuvo una juventud complicada por una adicción a la heroína de la que

Buscaba un ambiente donde sentirme bien, seguro, y allí me pareció encontrar lo que buscaba. La imagen que se tiene de los drogadictos hoy en día en los medios de comunicación es diferente, pero en realidad, en muchos casos, se trata de personas increíblemente sensibles. Te hacen sentir uno más, los conoces, charlas con ellos, pruebas lo que te ofrecen y te encuentras dentro hasta el cuello. Te da la impresión de que eres feliz mientras te hundes cada vez más y al final te has convertido en un extraño degenerado.

logró desintoxicarse en un curioso centro de rehabilitación soviético de tipo paramilitar llamado Monar. Allí estuvo dos años y salió con una encomiable forma física. Poco después, con cuatro duros en el bolsillo, llegó haciendo autostop hasta la India donde colaboró en un centro de ayuda para niños leprosos y descubrió las grandes montañas.
Empieza a picarle el gusanillo de la altura y se descubre un alpinista fortísimo física y mentalmente. Un día se enamora del Nanga Parbat y le será fiel hasta el final. Durante siete años ha intentado hollar su cima en invierno. En ese tiempo ha vivido tantas e increíbles aventuras que nos lo describen como un montañero, puro, ligero, ético, sobrio, resistente y curtido.
Este año, en su séptimo intento, hace cumbre junto a la francesa Elisabeth Revol. Una escalada épica, la segunda invernal, la primera en estilo alpino, ligerísimo y por una vía nueva aún por liberal incluso en verano. Una verdadera hazaña. En el descenso, sin embargo, se agrava el edema pulmonar de alta cuota que parece que había empezado a manifestarse ya e en los últimos metros de la ascensión y no conseguirá bajar. Permanecerá en una grieta esperando un rescate que nunca llegará. Por suerte su compañera consigue ser rescatada por los fantásticos Denis Urubko y Adam Bielecki que responden a la llamada de socorro desde el K2 donde se encontraban. Nada que hacer sin embargo por el pobre Tomasz que permanece allí, junto Zerain, Galván, Mummery, G. Messner y muchos otros que como él fueron hechizados por la montaña desnuda.

Ahora todo el mundo lo recuerda como lo que fue, un gran alpinista, pero en vida no le faltaron críticas. Su visión romántica, sobria e instintiva del alpinismo contrastaba con un mundo cada vez más pragmático y calculador. No le gustaban los sponsor porque quería ser libre, renunciado a la estabilidad económica que todos ansiamos en estos tiempos. En la época de los social media Tomek hablaba con lo que hacía, y lo que ha hecho en el Himalaya es algo absolutamente increíble. Al séptimo intento, siete como las vidas del gato salvaje que era, hemos perdido una de las personas más libres e independientes del alpinismo, un gran tipo. Allá donde estés, en ese campo base eterno, mi humilde homenaje y toda mi admiración.