Hoy voy a hablaros de uno de mis libros favoritos. Lo conocí gracias a mi amigo Jacopo. Estábamos charlando un día en la oficina sobre los grandes retos del alpinismo y la conversación se torció hacia aquello de que cada uno tiene su propia cima por escalar. En seguida se iluminó y me habló de este libro: Evasión en el Monte Kenia y me gustó tanto lo que escuché que unos minutos después me lo estaba comprando por internet. Aquí os lo cuento a ver si os pica el gusanillo tanto como a mí.

En 1946 Felice Benuzzi nos cuenta su historia, uno de los grandes relatos del espíritu de superación humano. Nos hace partícipes de la increíble aventura que vivió junto a Giovanni Balletto y Vincenzo Barsotti y que, aún hoy pervive en el tiempo, convirtiéndose en uno de los grandes clásicos de la literatura de montaña.

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de los funcionarios italianos que trabajaban en la colonias africanas fueron capturados. Felice Benuzzi fue uno de ellos. Los ingleses lo encerraron en el campo de prisioneros de Nanyuki cuando la ciudad de Addis Abeba donde vivía fue tomada por las tropas británicas.

Cuando Felice descubrió la silueta del Monte Kenia (5.199 m.) dibujada en el horizonte entre dos líneas de barracas del campo empezó a soñar. Un sueño liberador porque el alpinista como el prisionero no están encerrados cuando sueñan. Decide fugarse para escalar la montaña, dejar una bandera italiana en la cima y regresar de nuevo al campo de prisioneros.

“Olvidamos por completo que el mundo existía el odio, la guerra y el cautiverio…”

Este libro nos narra la elección de los compañeros de aventura; la preparación minuciosa de la fuga; la ingeniosa construcción del material de escalada (crampones hechos con restos de metal, cuerdas fabricadas con las mosquiteras de sus camas, los piolets construidos con martillos…); el aprovisionamiento de víveres guardando parte de la propia ración durante meses y cambiando cigarrillos por comida. Nos cuenta la fuga y como, sin mapas ni referencias, sin apenas provisiones y con un material precario se lanzan a la conquista de la montaña de sus sueños. Patrullas, leopardos, elefantes y otros contratiempos les esperan en una larga aproximación pero al final Benuzzi e Balletto hacen cima en la segunda cumbre del Monte Kenia, plantan la bandera italiana y se dan media vuelta para regresar al campo como si nada.

Nunca dejan de ser conscientes de la provisionalidad de su hazaña y tal vez por ello sea aún mayor. Ser libres mientras dura el camino. Un camino que empieza antes de echarse a andar, que inicia cuando se concibe la aventura y que es más importante que la cima.

“A pesar de todo es una lucha agradable; ya que mientras dura, el tiempo vuelve a ser algo valioso”

El mensaje que me llevo de este libro es que se puede recluir a un montañero que ha entregado su alma al dios desconocido de la aventura, que busca la inmortalidad de un instante, pero, mientras mantenga la fantasía, la ilusión de un proyecto, un acto de voluntad, éste será un hombre libre.