Voy a escribir dos líneas sobre el tema del verano: la seguridad, las imprudencias y las prohibiciones en la montaña. Mi humilde opinión, una gota  más en este mar de voces. Y es que la montaña está de moda, cada vez hay más gente por el monte, los rescates se han multiplicado y gran parte de ellos se deben a personas poco preparadas física o técnicamente.

Con el término “efecto Kilian” se ha llamado el riesgo de imitación por parte de los comunes mortales de las gestas del gran runner. De hecho, cuando el pasado 21 de junio Kilian publicó el vídeo de su ascensión al Mont Blanc, corriendo en zapatillas, pantalones y mangas cortos, se encendía la polémica en quienes vieron en aquellas imágenes un riesgo de emulación. Discusión avivada después con  la muerte de un corredor de montaña el 16 de agosto en el Mont Blanc, por la ruta del Goûter, intentando la cima con la misma equipación de Kilian. Esta muerte además provocó la prohibición del alcalde de  Saint-Gervais-Les-Bain de subir al Mont Blanc sin el equipo alpinistico adecuado.

La reacción de quienes ven en la montaña un oasis de libertad no se hizo esperar y, entre ellas, la de Kilian Jornet, publicando una foto en la cima del Monte Bianco totalmente desnudo, fue la más sonada. Se abrió un debate encendido. El mismo Kilian aclaró su posición en este artículo que os recomiendo: http://desnivel.com/alpinismo/kilian-jornet-algunos-consejos-de-seguridad-en-montana apostando por una solución educativa en lugar de la vía prohibitiva, y que creo que es la que compartimos la mayoría de los montañeros.

Son comprensibles los intentos de regulación por parte de las diferentes administraciones ante el aumento de los accidentes y rescates en montaña. Me parece sin embargo una visión muy reductiva del problema. Es cierto que hay casos flagrantes como aquel de hace algunos años de un italiano rescatado por la Guardia Civil en el Mulhacén que intentaba la cima con un piolet que había fabricado con la pata de la cama. Pero también es verdad que de poco sirve todo el material del mundo si no se sabe usar.

Hace varios años el gobierno de Aragón puso en marcha una campaña de información y formación para la seguridad en montaña que ha obtenido importantes resultados (http://www.montanasegura.com/) . Creo que esta solución a medio y largo plazo es mucho más efectiva y además contribuye a crear una “cultura montañera” que se auto alimentará después . De hecho, a día de hoy, de los rescates que se producen en el Pirineo aragonés son escasos los casos de aragoneses implicados.

Aún así, quien vaya a menudo a la montaña, habrá visto de todo. Yo este año en un sólo día subiendo el Aneto he visto cosas que… La más surrealista de todas: un japonés en chanclas, completamente sudado, que a las 12 de la mañana aún no había llegado al refugio de la Renclusa y me preguntaba si al Aneto se iba por ahí. Llevaba una mochila de las de la escuela y sonreía muy feliz.

Cuando se habla del tema es común la réplica de aquellos que dicen que siempre se critica a los novatos que se lanzan a la aventura pero que al final casi siempre mueren los alpinistas más expertos. A mí me parece lógico puesto que en la montaña existe siempre un riesgo objetivo y real. Con la experiencia, formación, prevención etc. podemos reducir el riesgo pero siempre existirá. El montañero experto conoce el riesgo que se va a encontrar en cada empresa que se propone que, lógicamente aumenta conforme  aumenta la dificultad de la propia exploración. Digamos en definitiva que el alpinista experto sabe perfectamente a lo que se expone y el novato imprudente no, es más, a menudo se encuentra en situaciones peligrosas fácilmente evitables.

Si tal y como nos enseñan en los cursos de seguridad en el trabajo el riesgo viene determinado por el peligro multiplicado por la vulnerabilidad, el alpinista experto que pone a prueba sus límites aumenta el factor de peligro intentando mantener el riesgo bajo disminuyendo la vulnerabilidad a través del entrenamiento, la experiencia y la técnica. El novato sin embargo es más vulnerable por lo que antes de embarcarse en empresas “peligrosas” deberá fortalecerse para mantener el riesgo bajo.

La montaña se aprende paso a paso, sin prisas, disfrutando de cada metro avanzado, aprendiendo a conocer los propios límites sin competir ni compararse con nadie, sólo con uno mismo.