En la segunda mitad del siglo XIX, cuando la mayoría de las grandes cimas de los Alpes ya habían caído, inviolada quedaba la del Cervino o Matterhorn, según el lado de la frontera en el que nos encontremos.

El Cervino de 4.478 m. representaba entonces, en los albores del alpinismo, y representa aún hoy, el sueño de cualquier alpinista, una montaña mágica, la pirámide perfecta. Situada en la frontera entre los pueblos  de Breuil-Cervinia en Italia y  Zermatt en Suiza, en la antigüedad se consideraba una montaña imposible de escalar y estaba cubierta por un velo de misterio y superstición. Se pensó incluso que su cumbre estuviera poblada por dragones, pero el 14 de julio de 1865 lo imposible se hizo realidad.

En aquella época eran sobre todo los británicos quienes se interesaban por el alpinismo. Estaba de moda. En 1858 fundaron el primer club alpino de la historia. En los años sucesivos, una tras otra se van adjudicando las primeras ascensiones de muchas de las más importantes cimas alpinas. El Cervino sin embargo se resiste.

 

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Edward Whymper

Uno de los miembros del Club Alpino británico, Edward Whymper, que a diferencia de la mayoría de sus compañeros, procedía de las clases bajas de la sociedad, llega a Suiza por primera vez en 1860. Hijo de grabador, trabaja en el taller del padre y, a la edad de 20 años, gracias al encargo de una serie de estampas de paisajes alpinos, descubre las montañas suizas. Tras este primer viaje empieza escalar las montañas en lugar de dibujarlas.

 

La determinación de Whymper hizo que pasase de no haber escalado nunca a centrarse en el desafío alpino más ambicioso de la época: escalar el Cervino; lo que se convirtió en una auténtica obsesión para él.

En 1861 viaja a Breuil para contratar los servicios de Jean-Antoine Carrel, uno de los guías más famosos de la zona. Whymper le considera el mejor escalador que había conocido, pero también indisciplinado y nacionalista. Se quejaba diciendo que no obedecía, que le daba evasivas y que escalaba únicamente para sus propios fines. Hay que tener en cuenta el contexto de la época. Carrel había luchado en favor de la unificación italiana y era un patriota. Quería escalar el Cervino con o sin cliente para la gloria de una recién nacida Italia.

En total Whymper realizará 7 intentos de ascensión por la cara italiana, tres de ellos junto a Carrel, pero nunca logró superar los 4.200 m.

En el verano de 1865 Whymper regresará a Suiza junto a un equipo de guías con la determinación de  escalar el Cervino y todas las cumbres vírgenes que quedaran en los Alpes. En cuatro semanas escalan 30.500 m.de desnivel tras lo que despide a los guías y se dirige a Breuil para encontrarse de nuevo con Carrel. Le propone una vez más intentar el Cervino. Carrel acepta pero en realidad ya se había comprometido con una expedición completamente italiana organizada por Quintino Sella que había recientemente fundado el Club Alpino Italiano. Probablemente Carrel sospechaba que si hubiera llegado a la cima con Whymper éste se hubiera llevado, junto a Gran Bretaña, todos los honores, y él soñaba con una hazaña para su país.

 

A los cuatro días de llegar, Whymper se despierta por la mañana y descubre el engaño. Carrel y todos los guías del valle se han ido a la montaña. Enfadado y desesperado está dispuesto a intentar la ascensión con cualquiera. Se encuentra con su paisano Lord Francis Douglas con quien se dirige a Zermatt donde se juntan con otra cordada británica que va a intentar el Cervino: el reverendo Charles Hudson y el joven Douglas Robert Hadow que apenas tiene experiencia. Obligado por las circunstancias, para intentar llegar a la cima antes que Carrel, Whymper, que no está muy convencido, acepta unir las fuerzas y, junto a tres guías más, el francés Michel Croz, con quien ya había escalado, y los guías locales Taugwalder padre y Taugwalder hijo, parten a la mañana siguiente. De esta forma, el meticuloso Whymper emprende la escalada al Cervino por una cara que no conoce, la suiza, con tres compañeros británicos con los que se acaba de encontrar y dos días después de que su rival haya empezado la ascensión por la cara italiana.

Sin embargo, en contra de lo que todos pensaban, la cara suiza del Cervino resulta ser más sencilla que la italiana y la expedición británica avanza rápidamente. A mediodía acampan a 3.352 m. para salir al día siguiente antes del alba y hacer cumbre a las 13.40 h. en menos de 10 horas de escalada. Después de cinco años y nueve intentos por fin Whymper lo había conseguido. Trecientos metros más abajo divisan a los italianos que, desilusionados, se dan la vuelta. Se entretienen una hora en la cima, eufóricos. Pero aún queda la bajada. El primero en descender será Croz, el guía más fuerte, que se ata con Hadow detrás, el más inexperto. En el tramo más difícil Hadow resbala y empuja a Croz arrastrando a Hudson y Douglas. Los Taugwalder y Whymper retienen la caída pero la cuerda se rompe y los cuatro de delante precipitan 1.200 m. abajo. Los cuerpos quedaron destrozados, el del joven Douglas nunca fue encontrado.

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J. Antoine Carrel

Tras la investigación oficial, Whymper regresa a Londres, donde la prensa inglesa clamaba por un culpable. Habían muerto un lord, un famoso clérigo y un joven británico de tan sólo diecinueve años. A pesar de que se había determinado que el accidente fue debido exclusivamente al error de Hadow, Whymper tuvo que lidiar con el gigantesco escándalo que se montó en Inglaterra. Se llegó a insinuar que Taugwalder padre había cortado la cuerda. Whymper sin embargo lo negó categóricamente pero sí que le acusó de haber usado una cuerda poco resistente para ligarse con los otros cuatro y, que tal vez lo hubiera hecho aposta para, en caso de caída, no verse arrastrado. Taugwalder nunca aceptó esta versión. Dijo que las cuerdas las había proporcionado el mismo Whymper y que, gracias a él, que se había mantenido firme, Whymper salvó la vida.

Si todo hubiera salido bien se habría celebrado una nueva hazaña del alpinismo británico. Después de la tragedia, sin embargo, se cuestionó el alpinismo en general. La reina Victoria pidió incluso que fuera prohibido y sólo gracias a la intervención del primer ministro de la época se evitó este disparate. Fue entonces cuando surgió la pregunta en la opinión pública que aún hoy día aflora cada vez que ocurre una desgracia: ¿Por qué?

Hay tantas respuestas como alpinistas, todas perfectamente válidas.