La historia es simple, ha pasado un millón de veces: dos chavales que no tienen mucha idea, un desafío no muy complicado, aunque, como todo, depende de para quién, cada uno tiene sus propios límites. Forma física justita y conocimientos escasos.

La ignorancia es osada y la montaña está de moda. Se van a esa grande cadena de tiendas deportivas que todos conocemos ( sí, a esa misma) y ¡hala! Ya tienen un montón de cosas que no necesitan y les faltan otras tantas que sí que les sirven, pero no lo saben.

Se echan al monte felices, como quien caza picachus, con el teléfono en mano, fotografiando todo, al menos al principio, después no tanto, el desnivel se empieza a notar y poco a poco se olvidan de las fotos y hasta del paisaje. Llegan a un punto de trepada, un IIº un poquillo más expuesto y se bloquean. Ni para arriba ni para abajo, suerte que hay campo. Llaman al Soccorso Alpino porque están en Italia, en los Alpes, muy cerquita de Austria, haciendo un trekking de varios días. Llegan los rescatadores y les ayudan a salir de ahí, les dan de beber y de comer y, como están bien, les aconsejan encarecidamente que vuelvan hacia atrás a pasar la noche al refugio del que salieron, que no continúen. Después de comer y beber todos nos volvemos mucho más optimistas y nuestros amigos deciden continuar hacia delante en lugar de seguir los sabios consejos de los guías, que el refugio ya estaba reservado. Esta vez  se pierden. En algún punto han tomado el sendero equivocado. No llevan ni brújula ni mapa, sólo una aplicación del teléfono que no funciona. Por segunda vez el Soccorso Alpino interviene.

Parece una historia inventada pero no lo es. Ocurrió realmente el pasado agosto. Es una de las muchas noticias absurdas que nos llegan de la montaña. Ésta por suerte terminó bien.

Recuerdo otra de hace unos años cuando los equipos de rescate bajaron a un tipo que intentaba subir el Mulhacén con un piolet que se había fabricado con la pata de la cama.

Muchas veces sin embargo las imprudencias terminan mal. El riesgo cero en la montaña no existe, pero morir por caerse mientras te haces un selfie al pie de un precipicio es una gilipollez.

No dejes que nadie te diga lo que tienes que hacer pero sé humilde y conócete a ti mismo; haz que tu aprendizaje en la montaña sea escalonado y escucha a quien sabe más que tú. Recuerda que toda la teoría del mundo no puede suplir a la práctica. La experiencia no te hace un súper hombre, pero te enseña a superar  los problemas que se puedan presentar y a conocer tus límites.

“La seguridad en montaña se basa fundamentalmente en un serio aprendizaje de todas las disciplinas del deporte de montaña y aumenta en proporción a la experiencia”

Walter Kellerman (Seguridad en montaña)