de Ricardo Martínez Llorca (ed. Desnivel)

Nadie va a la montaña a morir, a la montaña se va para vivir. Lo saben todos aquellos que la aman, desde los alpinistas más extremos hasta los senderistas de refugio; no hace falta ser Bonatti para sentirlo. Para el alpinista la montaña se convierte en una forma de vivir, de sentirse vivo. ¿Qué empuja entonces a Carlos Marín, el protagonista de Después de la nieve, untitledun alpinista de los grandes, a descender, abandonar la montaña y vivir como un vagabundo en su ciudad natal? ¿Por qué esa renuncia? ¿Por qué dejar de vivir?

A todas estas preguntas, nuestro narrador, un periodista de una revista de montaña, intenta dar respuesta aventurándose en un viaje por los suburbios donde encontrará varios ejemplos de marginalidad urbana: prostitutas, vagabundos, sin papeles y drogadictos, para descubrir poco a poco la vida de Carlos, desde sus primeras excursiones hasta las grandes hazañas.

Después de la nieve es una novela, como su protagonista, difícil de calificar. No es un libro de montaña pero contiene mucha montaña, con muchas alusiones a la historia del alpinismo y sus protagonistas, vías y montañas famosas, técnicas y léxico especializado, y sin embargo no, no es un libro de montaña, o no solo. Presenta elementos de la novela policíaca como la resolución de un misterio pero tampoco lo es. Podríamos incluso considerarla como una obra de carácter social, escrita para denunciar la marginalidad, con todos esos personajes tan bien perfilados…  Este libro, como Carlos Marín, es difícil de encuadrar, por eso me gusta.