Estaba mosquetonando por encima de mi cabeza cuando, de una repisa oculta desde abajo, se tiró un lance. No sé si fue sólo una advertencia o simplemente falló el blanco, dejándome con un buen susto y la duda de qué hubiera hecho si me hubiese llegado a morder.

Era una víbora áspid, una de las cinco especies de víbora presentes en Italia, donde yo me encontraba (áspid, hocicuda, marasso, dell’Orsini e Walser) y de las tres que pueblan la península Ibérica (áspid, hocicuda y de Seoane).vibora

Bastaron cuatro golpes con los mosquetones para que se fuera por donde había venido. Así que continué a subir con la mosca detrás de la oreja, mirando bien donde metía las manos e intentando recordar qué se hace cuando te muerde una víbora.

De vuelta a casa lo primero que hice fue comprobar si lo que creí acertado en una situación así de verdad lo era y… bueno, no del todo. Está claro que no pensaba cortar en el lugar del mordisco y succionar el veneno como en las películas, pero, por ejemplo si hubiera tenido sí que me hubiera aplicado hielo, y no, parece que eso no es correcto.

La víbora áspid es la más común y venenosa en Europa. De hecho entre marzo y octubre no es raro encontrársela en zonas secas de montaña con buena exposición al sol, especialmente en terrenos de piedra caliza.

Las características más importantes para diferenciar una víbora de una culebra son:
– La cabeza triangular bien diferenciada del cuerpo y recubierta de pequeñas escamas. En las culebras la cabeza no es triangular, está recubierta de grandes escamas y es continua con el resto del vibora.culebracuerpo.
– Las pupilas pequeñas y verticales como las de un gato; las de las culebras en cambio, son grandes y redondas.
– La cola que se estrecha bruscamente de las víboras y el cuerpo robusto contrastan con la continuidad de las culebras donde no hay una clara diferencia entre la cola y el resto del cuerpo.

Además el mordisco de víbora se diferencia claramente por presentar los dos agujeros de entrada de los colmillos al morder.

Pero qué hacer y qué no hacer en caso de mordedura de víbora…

– El mordisco de las víboras europeas es raramente letal, lo primero es mantener la calma.
– Llamar al número de emergencias (118) si es necesario.
– El suero anti viperino se puede suministrar solo en un hospital porque puede ser más peligroso que el veneno.
– No cortar ni succionar el veneno.
– Desinfectar la zona afectada con suero fisiológico o agua oxigenada.
– Inmovilizar el miembro afectado y aplicar un vendaje compresivo.
– Si el mordisco no está situado en una articulación, aplicar un tampón rígido presionado por esparadrapo o venda elástica.
– Se puede administrar un analgésico o tranquilizante.
– No realizar un torniquete que podría producir isquemia irreversible y bombear veneno durante las descompresiones.
– No aplicar hielo porque podría empeorar la necrosis.
– Tener bajo control a la persona afectada y sus constantes vitales, cubrirla para evitar la dispersión de calor y esperar a la ambulancia o acudir a un hospital lo antes posible.

cola.pngDicho todo esto, lo mejor sería prevenir, llevar botas altas y tener mucho cuidado en donde se meten las manos. Atención a los huecos entre las rocas, montones de ramas secas, cavidades en los árboles… Mucho cuidado también con los niños y los perros.

Las víboras nunca atacan por atacar, lo hacen solamente para cazar o para defenderse, sólo si te acercas demasiado te morderá. Son animales fascinantes que juegan su papel dentro del ecosistema, respétalas, al fin y al cabo ellas están en su casa y tú no. Por desgracia, aún siendo tan hábiles depredadores son a su vez fáciles víctimas y he visto más víboras muertas, apaleadas en los sederos cerca de los pueblos, que vivas, por eso, y a pesar del susto me alegré del encuentro.
Para escribir este artículo he consultado, además de un primer vistazo a la Wikipedia, los siguientes libros:
Serpenti, Atlante natura Giunti
Medicina e Primo Soccorso in Montagna, A.G. Brunello, M. Walliser, U. Hefti.
Animales ponzoñosos en España: aspectos médicos R. López-Vélez y A. Valledor de Lozoya