Pequeña historia de la primera invernal al Nanga Parbat

Nanga_ParbatNo sé por qué la llaman la montaña desnuda; a mí me parece de todo menos desnuda, aislada sí, sola, pero desnuda no. Con sus 8.126 m. el Nanga Parbat no tiene compañeras de su envergadura en Cachemira y se erige imponente con sus más de 7.000 m. de desnivel desde las orillas del Indo. Todo ello la convierte en una montaña única entre los ochomiles. Con temperaturas y vientos extremos, es después del Anapurna, el más mortal de los ochomiles.

Desde el primer intento de Mummery del 1895, donde perdió la vida, la historia del Nanga se ha enriquecido de éxitos y tragedias. El 3 de julio de 1953 fue subida por primera vez por uno de los grandes hitos de la historia del alpinismo, el austríaco Herman Bulh, en una escalada épica, llegando sólo a la cima a las 19.00 y perdiendo un crampón en el descenso. La suya fue además la primera ascensión en solitario de un ochomil sin oxígeno.

El Nanga hablaba alemán, el alemán de Buhl y de Reinhol y Günter Messner, que murió trágicamente en el descenso, y de muchos otros antes de ellos, Merkl, Wien, Harrer … Después llegaron  los polacos, los más fuertes en esto del alpinismo invernal según Simone Moro (detentor actual del record de ascensiones invernales a ochomiles, con cuatro cumbres). De hecho, de las 22  expediciones invernales que ha habido hasta el año 2014, 11 han sido polacas.

Desde hace más de 30 años hacer cumbre en el Nanga Parbat en invierno parecía una misión imposible. Son muchos los alpinistas, y muy fuertes, los que han intentado esta quimera que se ha  resistido hasta el pasado 26 de febrero de 2016.killer_mountain

Pero empecemos desde el principio. El pasado invierno son cinco las expediciones que se dan cita en las faldas de la diosa desnuda. Una diosa enorme, la más grande de las montañas, que puede contener 40 veces el Mont Blanc.

A finales de enero llegan los polacos del equipo Nanga Dream – Justice for all; intentarán la cumbre por la ruta Schell de la vertiente Rupal. Alcanzarán los 7.300m antes de abandonar.

Por la cara Diamir, a través de una vía nueva, probarán dos viejos conocidos del Nanga, el polaco Tomek Mackiewicz y la francesa Elisabeth Revol, llegando a  7.400-7.500 m. Por esta  misma cara probó también la pareja formada por Adam Bielecki y Jacek Czech.

En un segundo momento la alpinista estadounidense Cleo Weidlich junto a tres sherpas realizará un tímido intento por la cara Rupal, sin superar el campo 1.

Los italianos Simone Moro y Tamara Lunger  intentarán primero la vía Messner de la cara Diamir para después unir sus fuerzas con la última de las expediciones, la compuesta por Álex Txicon, Ali Sadpara y Daniele Nardi, en la vía Kinshofer siempre dentro de la vertiente Diamir.

En febrero quedan en la montaña sólo la suma de estas dos expediciones. Álex Txicon invita a Moro unir la fuerzas consciente de que la gran experiencia del bergamasco sería fundamental para el ataque a la cima. Por otro lado Simone y Tamara saben perfectamente que las condiciones de la vía Messner son muy peligrosas y duras por los seracs. En un primer momento los cinco alpinistas deciden intentar la cumbre juntos pero por una serie de desavenencias (en las que no entro porque, sinceramente, después de haber leído y leído declaraciones por un lado, acusaciones por el otro, publicaciones especializadas y demás, todavía no me he hecho una idea clara de lo que ha pasado ) Daniele Nardi abandona la expedición.

Para escalar un ochomil en invierno (y probablemente también en el resto de estaciones) tienes que tener una paciencia infinita. Yo, desde la comodidad de mi hogar, al otro lado del PC, ya no  podía más de la espera. Llegó un momento en el parecía que este año tampoco iba a poder ser, fue el 15 de febrero, cuando una de esas famosas ventanas de buen tiempo se cerraban de repente y los mandaba a todos al campo base de nuevo.

Sin embargo, nueve días más tarde conseguirán subir hasta el C3 (6.700 m) habiendo superado los tramos de mayor dificultad técnica de la vía, y el  25 de febrero llegarán al C4 (7.200 m.). Ahí sí que todos, o casi, pensábamos que sí, que tal vez éste iba a ser el año bueno. Y así fue, el 26 de febrero Simone Moro, Ali Sadpara y Álex Txicon llegan a la cima. Tamara Lunger, que se despertó vomitando el desayuno, se quedará a escasos 100 m. de tocar la cumbre, consciente del riesgo que entrañaría ese último esfuerzo para llegar a la cima y sobre todo para bajar después.

Como suele pasar en estos casos, no han faltado las polémicas. En primer lugar se ha hablado mucho, muchísimo, demasiado, de los problemas entre Nardi y Txicon, o entre Nardi y el resto de los componentes de las dos expediciones. Probablemente todos ellos tienen alguna responsabilidad en el asunto pero, si es verdad, y así parece, que al final se trataba de un problema de confianza, cómo se puede juzgar el hecho de que alguien quiera o no formar cordada con otra persona. A mí personalmente me dio mucha pena que Nardi se fuera después de cuatro años de  intentos y de que el año pasado junto a Txicon llegaran tan cerca, pero es evidente que algo se rompió. Punto.

Por otro lado no han faltado envidiosos que se han ocupado de restar valor a esta aventura que ha entrado de derecho en la historia del alpinismo. Que si Moro ha usado la cuerdas fijas que  otros pusieron, que si el estilo no es de Piolet d’Or, … Para mí en alpinismo vale todo siempre que haya honestidad; es tan importante lo que haces como el cómo lo haces. Ellos han dicho que han subido por la vía Kinshofer; nadie ha dicho que no se hayan usado las cuerdas instaladas por otros, al  contrario, los componentes de la expedición han reconocido el trabajo y la ayuda de todos los que han pasado por la pared. Nadie ha dicho que se haya usado un estilo y no otro, que se haya ido por una vía en lugar de otra etc.  Que haya habido empresas del alpinismo mucho más relevantes o que haya otros desafíos pendientes de mayor envergadura, por supuesto que sí, pero eso no le quita valor a éste.